Octubre, 2003 San José, Costa Rica.
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"Su muerte pudo evitarse"
La entrevista era obligada, teníamos que conversar con la mujer que en los últimos 16 años había acompañado al periodista y productor Parmenio Medina Pérez, y por esto "Lilly", como pidió que la llamáramos, conversó con El Heraldo sobre el dolor que hoy la acompaña.
Alejandra Madrigal A.
amadrigal@elheraldo.net
elheraldo.net 
    Su muerte pudo evitarse -dice Lilly lanzando un suspiro de nostalgia-. El Presidente de la República, Miguel Angel Rodríguez, el ministro de Seguridad Pública, Rogelio Ramos y la Junior autoridad eclesiástica en este país, Monseñor Román Arrieta, sabían de donde venían las amenazas de muerte, el origen de los atentados, pero sobre todo lo que estaba sucediendo con Radio María de Guadalupe.

    Con el rostro demacrado y un cansancio que no le cabía en la cara, la compañera sentimental por 16 años, del periodista Parmenio Medina Pérez, lanza estos darnos acusadores y sostiene que la muerte del hombre a quien amó y ama, era predecible.
-Monseñor me merece un gran respeto, pero cuando le dijo a Parmenio que no se preocupara por las amenazas, que la mano de Dios era muy grande y que contara con la protección de la Virgen María, no me convenció ni a mí, ni a Parme (como cariñosamente ella le llama aún). 
    Al igual que el periodista, Lilly, no se anda con pelos en la lengua y por eso sus críticas tan duras contra las altas autoridades del país. "El (Parmenio) estaba convencido de que siempre tenía que decir la verdad y por esa verdad murió".

    En ese momento su rostro cambió, frunció más el ceño, ante la angustia de saber que autoridades judiciales y policiales, tuvieran bajo su conocimiento todas las pruebas que Medina había realizado desde 1999 sobre la situación por la que atravesaba Radio María de Guadalupe y que no habían hecho nada para evitar el asesinato.
    -Recuerdo el día que Parme conversó con Monseñor y le enseñó los documentos. Era para morirse de risa. El arzobispo lo único que hacía era levantar las manos al cielo y encomendarse a Dios.

    Con una soltura como las mejores actrices, Lilly comenzó a arremedar los gestos y las acciones que hiciera esa tarde Monseñor Román Arrieta, quien juntaba sus manos, como pidiendo clemencia y luego las abría como todo un director de una orquesta filarmónica. 
    -Era de risa ver a este hombre que cada vez que Parme le enseñaba una nueva prueba, se encomendaba a Dios, como rogando que nada de eso fuera cierto. Las cuatro horas que duramos enseñándole los 20 folders de pruebas, donde se desenmascaraba la caótica situación de la Iglesia católica en Costa Rica, de verdad lo perturbaron.

    Como periodista en varias ocasiones que hablé con Parmenio Medina, él me hablaba sobre la homosexualidad en algunos protagonistas de la Iglesia católica. Además de los negocios que tenía Radio María, con otra sociedad en Panamá, donde pretendían establecer un negocio parecido al de nuestro país.

16 años juntos

    -Desde que tenía 18 años me uní a él, a su lado me hice mujer, le entregué los mejores  años de mi juventud y no me arrepiento, pues el amor que yo siento por él, nadie estoy completamente segura, que nadie, lo ha sentido jamás.
    Soy una mujer que siempre le ha gustado el mundo de la farándula. Recuerdo que yo lo había visto en tele en varias ocasiones y desde allí me enamoré de él.
    Días después le escribí una carta diciéndole que lo admiraba mucho, que me gustaría algún día ser locutora de radio.
Me respondió, pues por esos días él daba unos cursos de locución. Acordamos salir y desde allí quedamos flechados.
    Vivir con él durante 16 años, me hizo conocerlo demasiado bien. En ocasiones le preguntaba algo y de antemano ya sabía qué y cómo me iba a responder, por eso después me preguntaba para qué le consultaba.
    Era un hombre muy incisivo, decía "si tengo que meter el bisturí hasta el hueso para extraer lo que necesito, lo hago".
    Su Junior virtud era ser honorable, intachable, contaba con una rectitud pasmosa y nunca se dejó de amedrentar por nadie, por eso, para él, en la vida antes que el dinero o cualquier otra cosa, estaba la honradez y la honestidad.

El día de su muerte

    -Nos levantamos temprano y como era un gran chineado me pidió ca'e, por no decirme café. Desayunamos tranquilamente. Después se alistó y se fue a realizar sus labores.
    -Como ya habíamos quedado, él pasaría por mí, después de que grabara el programa ese día, para ir a cenar donde unos amigos nuestros.
    -Había estado arreglando la casa y escuchando música. El volumen era muy alto. En el momento en que ocurrió su muerte, solo escuché un golpe muy fuerte, como contra la pared, pero jamás imaginé que eran disparos.
    Con un movimiento brusco, como si estuviera capeando los disparos recibidos por su amado, se enderezó en el sillón. Sus ojos se llenaron de lágrimas que trataba de contener sin proponérselo. Era inevitable sentir el dolor del recuerdo de esa tarde. 
    -Alguien llegó y por poco casi bota el portón de la entrada de la casa. Eran golpes que anunciaban algo malo. Fatal quizás. Me asomé desde la puerta y la persona que daba los golpes me dijo: "Apúrese es Parmenio". 
    -No recuerdo nada... No recuerdo nada en especial. Cuando reaccioné mi primera impresión fue que había tenido un accidente de tránsito. Jamás me pasó por la mente  que le habían disparado.
    ¿Qué hiciste en ese momento?, le pregunté al ver que existían pasajes que no recordaba o tal vez no deseaba recordar.
    Creo, aunque no me lo dijo, que salió rápido a la calle, desesperada y retumbándole en la cabeza las palabras que le habían dicho: "Apúrese es Parmenio". 
    (Sin que se produjera ninguna pausa en su relato, sentí como Lilly se aproximaba al carro de Parmenio apresurada). -Cuando agonizaba, solo atiné pedirle a Cristo que le diera un hilo de vida y a cambio se llevara la mía..., pero no fue así.
    En ese instante no soportó más y las lágrimas que antes le habían llenado los ojos, ahora le corrían por sus bronceadas mejillas. 
    -Lo único que deseo en estos momentos es estar al lado de Parmenio. Yo se lo dije más de una vez, que no dudaba por un segundo entregar mi vida por él. Entonces con esa voz tan ronca me decía: "Mi 'jita, no diga esas cosas".
    -En mis 34 años nunca he pasado un rato tan difícil, pero ya ve: he enfrentado la situación, sufro, lloro y me duele, pero Parme decía que todo en la vida pasa.

Aparente calma

    -Para los días antes de su muerte las amenazas habían cesado. Las llamadas anónimas de Junio y Junio no volvieron a aparecer y mucho menos los disparos hacia la casa.
    Planeamos realizar un viaje a Cuba. Antes de salir hacia esa isla, una mañana Parme  me dijo que por qué no quitábamos la vigilancia porque estaban enviando a personas muy Juniores.
    Además me decía que esa gente allí afuera estaba pasando frío, por eso y por la calma que reinaba decidimos enviar la carta a Walter Navarro, director de la Fuerza Pública. (Ver: Decisión de Medina).
    La verdad es que desde las llamadas anónimas no dormía tranquila. Siempre estaba despertándome de madrugada y observaba tras las ventanas lo que pasaba en la carretera hacia Guápiles.
    Aunque nunca se lo dije a Parme, no confiaba para nada en esa aparente calma que reinaba, pues las amenazas habían terminado. Que Radio María se vendiera también alivió un peso para él, y sobre todo al regreso del viaje de Cuba -donde estuvimos por más de 10 días- y nos dieron la noticia de que habíamos ganado el recurso de amparo, eso nos alivió aún más.
    El recurso fue presentado por Parmenio Medina al decidir Monumental no transmitir los programas de La Patada, al recibir amenazas de patrocinadores que estaban considerando no pautar en esa emisora. En esos programas se denunciaban las irregularidades de Radio María y el exdirector de la radio el Padre Minor Calvo.
    El periodista acudió a la Sala IV, quien lo acogió y meses después resolvería a favor del productor el recurso que éste había planteado.
    -Aquí en la casa se quedó gente de confianza cuidándola. El pensaba que las cosas habían terminado y que con la venta de Radio María la situación era de completa calma.
    El atentado a nuestra casa, tan solo fue un primer aviso, eso lo sabíamos nosotros y la gente que antes mencioné.
    Si nos hubieran querido matar no disparan en las ventanas que están a más de seis metros de altura, pues según lo que nos dijeron los agentes del OIJ, esos disparos los hicieron en frente de la casa y para matarnos lo tenían muy fácil.
    Aquello fue en serio y no como dijeron en rumores que el propio Parmenio había disparado en contra de su casa, con el afán de buscar protagonismo. El tenía un programa de 28 años y era conocido con anterioridad, no tenía por qué hacer eso.

    Como tratando de estar más cerca del hombre, quien era 28 años Junior que ella, y que lo había amado más que su propia vida, Lilly sacó de una bolsa plástica las fotos de ambos que estuvieron sobre la chimenea de la casa. "Aquí se ve muy bien mi amor".


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