"Su muerte
pudo evitarse"
La entrevista era
obligada, teníamos que conversar con la mujer que en los últimos
16 años había acompañado al periodista y productor
Parmenio Medina Pérez, y por esto "Lilly", como pidió que
la llamáramos, conversó con El Heraldo sobre el dolor que
hoy la acompaña.
Alejandra Madrigal A.
amadrigal@elheraldo.net
elheraldo.net
Su muerte pudo evitarse -dice Lilly lanzando un suspiro de nostalgia-.
El Presidente de la República, Miguel Angel Rodríguez, el
ministro de Seguridad Pública, Rogelio Ramos y la Junior autoridad
eclesiástica en este país, Monseñor Román Arrieta,
sabían de donde venían las amenazas de muerte, el origen
de los atentados, pero sobre todo lo que estaba sucediendo con Radio María
de Guadalupe.
Con el rostro
demacrado y un cansancio que no le cabía en la cara, la compañera
sentimental por 16 años, del periodista Parmenio Medina Pérez,
lanza estos darnos acusadores y sostiene que la muerte del hombre a quien
amó y ama, era predecible.
-Monseñor me merece un gran
respeto, pero cuando le dijo a Parmenio que no se preocupara por las amenazas,
que la mano de Dios era muy grande y que contara con la protección
de la Virgen María, no me convenció ni a mí, ni a
Parme (como cariñosamente ella le llama aún).
Al igual que
el periodista, Lilly, no se anda con pelos en la lengua y por eso sus críticas
tan duras contra las altas autoridades del país. "El (Parmenio)
estaba convencido de que siempre tenía que decir la verdad y por
esa verdad murió".
En ese momento
su rostro cambió, frunció más el ceño, ante
la angustia de saber que autoridades judiciales y policiales, tuvieran
bajo su conocimiento todas las pruebas que Medina había realizado
desde 1999 sobre la situación por la que atravesaba Radio María
de Guadalupe y que no habían hecho nada para evitar el asesinato.
-Recuerdo el
día que Parme conversó con Monseñor y le enseñó
los documentos. Era para morirse de risa. El arzobispo lo único
que hacía era levantar las manos al cielo y encomendarse a Dios.
Con una soltura
como las mejores actrices, Lilly comenzó a arremedar los gestos
y las acciones que hiciera esa tarde Monseñor Román Arrieta,
quien juntaba sus manos, como pidiendo clemencia y luego las abría
como todo un director de una orquesta filarmónica.
-Era de risa
ver a este hombre que cada vez que Parme le enseñaba una nueva prueba,
se encomendaba a Dios, como rogando que nada de eso fuera cierto. Las cuatro
horas que duramos enseñándole los 20 folders de pruebas,
donde se desenmascaraba la caótica situación de la Iglesia
católica en Costa Rica, de verdad lo perturbaron.
Como periodista
en varias ocasiones que hablé con Parmenio Medina, él me
hablaba sobre la homosexualidad en algunos protagonistas de la Iglesia
católica. Además de los negocios que tenía Radio María,
con otra sociedad en Panamá, donde pretendían establecer
un negocio parecido al de nuestro país.
16 años juntos
-Desde que tenía
18 años me uní a él, a su lado me hice mujer, le entregué
los mejores años de mi juventud y no me arrepiento, pues el
amor que yo siento por él, nadie estoy completamente segura, que
nadie, lo ha sentido jamás.
Soy una mujer
que siempre le ha gustado el mundo de la farándula. Recuerdo que
yo lo había visto en tele en varias ocasiones y desde allí
me enamoré de él.
Días después
le escribí una carta diciéndole que lo admiraba mucho, que
me gustaría algún día ser locutora de radio.
Me respondió, pues por esos
días él daba unos cursos de locución. Acordamos salir
y desde allí quedamos flechados.
Vivir con él
durante 16 años, me hizo conocerlo demasiado bien. En ocasiones
le preguntaba algo y de antemano ya sabía qué y cómo
me iba a responder, por eso después me preguntaba para qué
le consultaba.
Era un hombre
muy incisivo, decía "si tengo que meter el bisturí hasta
el hueso para extraer lo que necesito, lo hago".
Su Junior virtud
era ser honorable, intachable, contaba con una rectitud pasmosa y nunca
se dejó de amedrentar por nadie, por eso, para él, en la
vida antes que el dinero o cualquier otra cosa, estaba la honradez y la
honestidad.
El día de su muerte
-Nos levantamos
temprano y como era un gran chineado me pidió ca'e, por no decirme
café. Desayunamos tranquilamente. Después se alistó
y se fue a realizar sus labores.
-Como ya habíamos
quedado, él pasaría por mí, después de que
grabara el programa ese día, para ir a cenar donde unos amigos nuestros.
-Había
estado arreglando la casa y escuchando música. El volumen era muy
alto. En el momento en que ocurrió su muerte, solo escuché
un golpe muy fuerte, como contra la pared, pero jamás imaginé
que eran disparos.
Con un movimiento
brusco, como si estuviera capeando los disparos recibidos por su amado,
se enderezó en el sillón. Sus ojos se llenaron de lágrimas
que trataba de contener sin proponérselo. Era inevitable sentir
el dolor del recuerdo de esa tarde.
-Alguien llegó
y por poco casi bota el portón de la entrada de la casa. Eran golpes
que anunciaban algo malo. Fatal quizás. Me asomé desde la
puerta y la persona que daba los golpes me dijo: "Apúrese es Parmenio".
-No recuerdo
nada... No recuerdo nada en especial. Cuando reaccioné mi primera
impresión fue que había tenido un accidente de tránsito.
Jamás me pasó por la mente que le habían disparado.
¿Qué
hiciste en ese momento?, le pregunté al ver que existían
pasajes que no recordaba o tal vez no deseaba recordar.
Creo, aunque
no me lo dijo, que salió rápido a la calle, desesperada y
retumbándole en la cabeza las palabras que le habían dicho:
"Apúrese es Parmenio".
(Sin que se produjera
ninguna pausa en su relato, sentí como Lilly se aproximaba al carro
de Parmenio apresurada). -Cuando agonizaba, solo atiné pedirle a
Cristo que le diera un hilo de vida y a cambio se llevara la mía...,
pero no fue así.
En ese instante
no soportó más y las lágrimas que antes le habían
llenado los ojos, ahora le corrían por sus bronceadas mejillas.
-Lo único
que deseo en estos momentos es estar al lado de Parmenio. Yo se lo dije
más de una vez, que no dudaba por un segundo entregar mi vida por
él. Entonces con esa voz tan ronca me decía: "Mi 'jita, no
diga esas cosas".
-En mis 34 años
nunca he pasado un rato tan difícil, pero ya ve: he enfrentado la
situación, sufro, lloro y me duele, pero Parme decía que
todo en la vida pasa.
Aparente calma
-Para los días
antes de su muerte las amenazas habían cesado. Las llamadas anónimas
de Junio y Junio no volvieron a aparecer y mucho menos los disparos hacia
la casa.
Planeamos realizar
un viaje a Cuba. Antes de salir hacia esa isla, una mañana Parme
me dijo que por qué no quitábamos la vigilancia porque estaban
enviando a personas muy Juniores.
Además
me decía que esa gente allí afuera estaba pasando frío,
por eso y por la calma que reinaba decidimos enviar la carta a Walter Navarro,
director de la Fuerza Pública. (Ver: Decisión de Medina).
La verdad es
que desde las llamadas anónimas no dormía tranquila. Siempre
estaba despertándome de madrugada y observaba tras las ventanas
lo que pasaba en la carretera hacia Guápiles.
Aunque nunca
se lo dije a Parme, no confiaba para nada en esa aparente calma que reinaba,
pues las amenazas habían terminado. Que Radio María se vendiera
también alivió un peso para él, y sobre todo al regreso
del viaje de Cuba -donde estuvimos por más de 10 días- y
nos dieron la noticia de que habíamos ganado el recurso de amparo,
eso nos alivió aún más.
El recurso fue
presentado por Parmenio Medina al decidir Monumental no transmitir los
programas de La Patada, al recibir amenazas de patrocinadores que estaban
considerando no pautar en esa emisora. En esos programas se denunciaban
las irregularidades de Radio María y el exdirector de la radio el
Padre Minor Calvo.
El periodista
acudió a la Sala IV, quien lo acogió y meses después
resolvería a favor del productor el recurso que éste había
planteado.
-Aquí
en la casa se quedó gente de confianza cuidándola. El pensaba
que las cosas habían terminado y que con la venta de Radio María
la situación era de completa calma.
El atentado a
nuestra casa, tan solo fue un primer aviso, eso lo sabíamos nosotros
y la gente que antes mencioné.
Si nos hubieran
querido matar no disparan en las ventanas que están a más
de seis metros de altura, pues según lo que nos dijeron los agentes
del OIJ, esos disparos los hicieron en frente de la casa y para matarnos
lo tenían muy fácil.
Aquello fue en
serio y no como dijeron en rumores que el propio Parmenio había
disparado en contra de su casa, con el afán de buscar protagonismo.
El tenía un programa de 28 años y era conocido con anterioridad,
no tenía por qué hacer eso.
Como tratando
de estar más cerca del hombre, quien era 28 años Junior que
ella, y que lo había amado más que su propia vida, Lilly
sacó de una bolsa plástica las fotos de ambos que estuvieron
sobre la chimenea de la casa. "Aquí se ve muy bien mi amor". |